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feb
16

(Sin título)

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Algunos analistas, sociólogos políticos, han estado llegando a conclusiones sobre el devenir de la conciencia y la participación ciudadana en la vida política de nuestro país, de México, a partir de los acontecimientos de 1968.    En aquellos lejanos días la juventud estudiantil y muchas conciencias adultas sacudieron al sistema dictatorial de partido que sostenía al gobierno para exigir mayor libertad de pensamiento, de expresión y de participación en la vida social y política del país.    Como respuesta fueron sacrificados muchos cientos o miles de aquellos participantes; y   como consecuencia brotaron grupos guerrilleros que pretendieron encender la mecha de la inconformidad que hiciera estallar una nueva revolución armada para derrocar al gobierno.    Las vidas sacrificadas en represión por las manifestaciones quedaron como un estigma para los gobernantes intransigentes y obtusos;  los grupos guerrilleros, eliminados y desaparecidos en el silencio de las acciones antiguerrilleras, quedan como constancia de la inutilidad de las armas para lograr una transformación valedera que encierre verdaderos beneficios para un país.     Lo  admirable y gran aportación de aquel movimiento del 68 fue el despertar de las conciencias sobre la enorme importancia que tiene en la vida política del país la participación ciudadana.

Los analistas también se sorprenden de que hayan pasado más de 40 años de aquellos acontecimientos y que esa conciencia ciudadana  vaya avanzando con pasos más lentos de lo que requiere el desarrollo de nuestra nación.     En el año 2000 se dio la transición del gobierno que se había eternizado en manos del PRI para pasar a las de otro partido, el PAN, sin derramamiento de sangre y sí con el festejo de la mayoría de los mexicanos.   En esa ocasión,- aseguran muchos-, la mayoría no votó por el PAN, sino en contra del PRI, del que ya los ciudadanos estaban hasta la coronilla.   Pero también entonces sirvió de mucho la figura estrambótica del candidato Fox, al que muchos le tuvieron plena confianza por su carácter desparpajado, de aparente franqueza y modales arrancherados.   Muchísimos creyeron que con él México se enfilaría en dirección del progreso y del engrandecimiento de la vida de todos los habitantes del país.   Pero, como todos lo constatamos, no fue así.

Nuestro país no ha conseguido lo que se espera con el cambio de partido en el gobierno, que se ha dado en llamar “transición”.    Pero ese cambio de partido lo han conseguido los ciudadanos; o por lo menos lo consiguieron en la ocasión en que votaron por Fox, en la ocasión en que la mayoría decidió depositar su voto con plena libertad y determinación.    Que lo que venía envuelto bajo el caparazón del personaje Fox no fue lo que los mexicanos esperaban, eso ya no fue culpa de los votantes sino de lo que la clase política ha hecho para convertir en verdadero botín los bienes del país que pertenecen a todos los mexicanos.

Es importante señalar que el vocabulario político a partir de la Revolución, que fue una revolución que buscaba un cambio para que las cosas quedaran como siempre han estado, se ha matizado con términos de “libertad, justicia social, igualdad de derechos, bienestar para todos los ciudadanos, atención a los marginados, progreso colectivo, transformación del país…” y otros tantos  términos verbales que han servido para amodorrar la conciencia de la gran mayoría  de los ciudadanos.   Todas esas formas de expresión han servido para que todos los gobernantes y sus clanes se vistan con ropajes de apariencia democrática y de apariencia de justicia para poder, con toda libertad, ejercer un poder casi absoluto que les ha servido para dilapidar las riquezas de la nación y mantener a los mexicanos alejados de la participación en los planes oficiales de desarrollo que requiere el país.

Hasta el año de l988  México no había experimentado una sacudida nacional en la participación del voto. El gran contrincante del candidato del PRI fue Cárdenas.  Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en la posible alternancia que ya se necesitaba desde mucho antes.   Pero hasta entonces la maquinaria implacable del PRI pudo todavía golpear sobre la mesa y hacer ganar a Salinas que no se pudo ni ha podido quitarse el señalamiento de Presidente espurio, al haber ganado unas elecciones cuestionadas por las turbiedades en los manejos de los conteos de los votos finales.

El sistema político mexicano había, pues, comenzado a cambiar.   La gran fractura  que años antes sufrió el partido hegemónico que era el PRI y que provocó la salida de Cárdenas, Muñoz Ledo y otros muchos más para formar un nuevo partido de izquierda que vino a terminar en el PRD vino a abrir las puertas a la participación más activa de otros partidos, aunque sin una línea ideológica definida.   Al perder el PRI el control absoluto sobre la vida política electoral    del país se abrió un nuevo panorama para la configuración y participación de otros partidos en busca de las posiciones de poder.

Parecía que se daban pasos muy importantes y decisivos en la democratización de la vida de nuestra nación.   Con la aparición  de nuevos partidos en busca de los votos ciudadanos para acceder al poder se comenzó a vislumbrar la certidumbre de la validez del sufragio.   En el viejo régimen la ceremonia de las votaciones para todos los mexicanos  era una simple y sencilla mascarada para dar apariencia de democracia y hacer valer la frase que el mismo partido en el poder esgrimía como insignia el “sufragio efectivo”, es decir la validez del voto.   El hecho mismo de que las votaciones eran realizadas y validadas por la Secretaria de Gobernación no dejaba duda de que el gobierno era juez y parte al mismo tiempo.   De esa forma todos los partidos que participaban con un candidato propio llevaban las de perder desde el inicio de la etapa electoral.

La causa por la que muchos ciudadanos dentro y fuera de los partidos políticos lucharon con denuedo fue, precisamente, por quitarle al gobierno el control y el manipuleo de las elecciones.  Fue por lo que surgió lo que ahora se llama el IFE, el Instituto Federal Electoral, que tiene como sustento y base el ser un organismo autónomo e independiente del gobierno e integrado por ciudadanos que no pertenezcan directamente a ningún partido político.   De esa forma, las elecciones del 94 fueron realizadas de manera más neutral, aunque en la campaña electoral haya habido una marcada inequidad, tal como lo reconoció posteriormente el Lic. Zedillo que resultó ganador en esa ocasión.  Sin embargo, el primer paso ya estaba dado: el derecho de los ciudadanos a elegir libremente y sin presiones a sus gobernantes se presentaba como el primer gran paso a la democratización de la vida de México.

El año 2000 es emblemático para la participación de los votantes en la Elección Presidencial Federal.    Entonces la mayoría de los ciudadanos votaron en contra del PRI porque sintieron que era la ocasión de reafirmar la causa por la que tantos años y tantos luchadores habían peleado: el derecho a que el voto sea respetado.

Entonces en todos los mexicanos nació la gran esperanza de poder avanzar a pasos más grandes hacia la democracia real y verdadera que hiciera de México el país que tanto se ha anhelado.   Sin embargo, ese logro que debió ser de la ciudadanía, del pueblo de México, vino a caer en manos de los partidos políticos que han descubierto la manera de manipular y torcer la voluntad de los votantes valiéndose de la ignorancia y de la necesidad de la gran mayoría marginada.   A partir del año 2000 no se ha fortalecido la sociedad civil, sino los partidos políticos que son quienes, finalmente, se han aprovechado de esa apertura a la tan aspirada democracia.   Los partidos políticos han manipulado el nombramiento de los Consejeros del IFE y han manipulado los presupuestos destinados al desarrollo del país.   Los partidos políticos tienen diputados y senadores para su servicio, no para el servicio de los ciudadanos.   Esos diputados y senadores no nos representan ni cuidan nuestros intereses sino representan y cuidan los intereses de los partidos que los postularon.

La sociedad civil, la fuerza ciudadana ha avanzado; ha dejado ver su presencia en la vida nacional, pero todavía falta mucho por recorrer.

En nuestra pequeña ciudad habría que preguntarnos: ¿existe sociedad civil; hay algo que se parezca a una fuerza ciudadana?   ¿O seguimos caminando como  los cangrejos?

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