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A partir de de las movilizaciones del 68 y de octubre del 71 la vida política y ciudadana de México comenzó a transitar por nuevos caminos, hacia la toma de conciencia sobre la importancia del ciudadano, de cada una de las personas que conforman el conglomerado millonario de los habitantes de una nación como la nuestra; hacia la toma de conciencia de que un gobierno no tiene ninguna razón de ser si sus acciones y decisiones no son compartidas con todos los ciudadanos; hacia  la toma de conciencia de que los habitantes de un país son más importantes que los gobernantes.

Pero lo que se vislumbraba como un triunfo de la vida ciudadana en las elecciones del año 2000 vino a culminar con el madruguete que los partidos políticos hicieron a los ciudadanos con el desplazamiento del partido hegemónico que era el PRI.   En los comienzos de la apertura en la participación política a fines de la década de los 80 del siglo pasado los partidos políticos comenzaron a proliferar como hongos en terreno sombreado y húmedo y se dieron a la tarea de mercantilizar, de convertir en materia de compraventa la voluntad de los votantes; y para lograrlo la mejor forma que idearon fue la del ofrecimiento desmedido tanto de cargos públicos para sus inmediatos seguidores como para la ciudadanía.   A los primeros, a los inmediatos seguidores los transformaron en ambiciosos del poder por la convicción de que estando su partido en el gobierno tendrían la oportunidad de gozar de trabajo y buen sueldo; a los segundos, a los ciudadanos, los han convertido en estoicos convencidos de que los discursos y ofrecimientos de la clase política, sea del partido que sea, son burdos engaños, trapacerías premeditadas, con absoluto desprecio a los demás.

Lo que la sociedad civil ha ganado en las últimas décadas es la conciencia de su importancia en la vida política y cívica del país.     Pero los partidos políticos se le adelantaron ganándole las sillas que le correspondían en la asamblea de la vida nacional.

Hoy por hoy los partidos políticos son los que deciden qué cosas y cómo deben manejarse en la vida de nuestro país.    Los ciudadanos nada más les sirven, nada más los toman en cuenta para efecto de las votaciones; y les interesan en las votaciones para dar validez a sus triunfos, aunque éstos los consigan de manera fraudulenta o de manera inequitativa.   Hasta ahí llega la democracia que tanto proclaman que promueven los partidos.   En México todavía tenemos una democracia a la mitad: somos libres para votar.   Nada más.

Pero los votos son también mercancía que se ha ido degradando por las artimañas de los mismos políticos.   Es claro que todo partido político tiene como fin principal el llevar a sus dirigentes al poder.     Pero lo que en nuestro país han olvidado es que el llegar al poder no debe ser para enriquecerse y para corromper la administración pública, sino para buscar el progreso y el beneficio de la comunidad sirviéndose de su ideología, de la doctrina que sostenga su partido.   Y los votos en nuestro país se han convertido en una mercancía degradada porque los compran,  invierten grandes cantidades de dinero y de productos para repartirlos entre los votantes y comprometerlos a votar en su favor.    A eso ya no se le puede llamar libertad para votar.   Todo lo que se utilice para coaccionar, para presionar es un medio para quitar la libertad de acción.

Al final, todo lo que regalan en época de elecciones se lo cobran cuando llegan al poder, si es que logran llegar, si no, lo van acumulando a la espera de la ocasión para cobrárselo de la manera que sea.

Las presiones de la sociedad civil se han dado en los últimos años con las marchas multitudinarias exigiendo seguridad y atención por parte de las autoridades a los casos de falta de justioscia.   Se dieron durante el sexenio de Fox y se han dado durante el sexenio de Calderón.   En esas ocasiones la clase gobernante hace como que se preocupa y atiende los reclamos de la ciudadanía, de esa ciudadanía que se manifiesta dejando a un lado a los partidos políticos y a los políticos de profesión.   Pero casi siempre han sido fintas, han sido promesas sobre la intención de tomar en cuenta a la sociedad civil en el análisis y solución de los problemas de la vida del país.  Así se han formado diversas agrupaciones a las que el gobierno federal ha prometido mayor participación, aunque  a la postre las va dejando marginadas, relegadas, sin mayor posibilidad de acción para tener ingerencia en la supervisión de las acciones del gobierno.

Es claro que las el clima de libertades que se palpa en la actualidad es muy distinto que el de hace 100 años.   Es también verdad que los mexicanos disfrutamos de mayor libertad de expresión, de tránsito y de acción.   Pero también es verdad que hay muchos otros países en los que sus habitantes disfrutan de eso mismo y de muchos otros derechos que todavía no tenemos nosotros.    Casi podríamos decir que los mexicanos disfrutamos de las libertades que el gobierno en turno quiere concedernos.    Los derechos ciudadanos no deben ser dádivas o concesiones; deben ser derechos, propiedad inalienable del ser humano para que logre su pleno y completo desarrollo.

La tan cacareada democracia de nuestro país no ha pasado de la enajenación de los procesos electorales de manos del gobierno.   Durante la época priista en el gobierno las elecciones las manejaba a su total antojo la Secretaría de Gobernación.   De allí salían los delegados que se hacían cargo en cada distrito de la conformación de los Comités distritales y de las directivas de todas las casillas del país, en el caso de las elecciones federales.   Es de suponerse que los cargos más importantes recaían en priistas perfectamente identificados con los gobernantes en turno y que el cuidado consistía en hacer ganar a los candidatos del partido oficial.    Cuando llegaban las elecciones todos los ciudadanos (menos los rasurados) podían votar, pero, al final, ganaba el candidato del gobierno.    A eso se le llama democracia aparente.   Había un solo partido que era un sol y que se hacía rodear de otros partidos que jamás lo iban a opacar y que se les llamaba partidos satélites y que servían nada más para maquillar la mentira de la democracia aparente.

La lucha por la democracia ha consistido hasta hoy en desaparecer la hegemonía de un solopartido, el derrumbe de la dictadura unipartidista, que se logró con júbilo ciudadano en el año 2000 con la alternancia de partidos en el poder.   Pero los resultados hasta hoy no han sido tan halagadores para el avance en la democracia, porque los manejos de los procesos electorales que ahora recaen en ciudadanos que se suponen imparciales y que conforman el IFE también se han visto salpicados por los dedos y las manos sucias de muchos partidos políticos que han intervenido en la designación de los consejeros electorales.

Nuestra democracia está partidizada.   Los partidos políticos son los que están usufructuando muchos derechos que deberían estar en las manos ciudadanas.     Por el hecho de que tenemos una democracia representativa los ciudadanos no tenemos voz directa para presentar nuestras propuestas y nuestras inconformidades porque todo tenemos que hacerlo a través de nuestro representante que se llama Diputado o Senador.   Pero para los Diputados y para los Senadores los ciudadanos no cuentan ni les sirven para nada si no es paras que les den su voto.    Se hacen leyes y se modifican leyes, se hacen presupuestos y se crean nuevos impuestos y se hace faramalla y media sin que se tome en cuenta la más pequeña opinión de ningún ciudadano.    Jamás un Diputado o un Senador se ha acercado a ninguno de su distrito para preguntarle si le parece tal o cual propuesta que va a debatirse en el Congreso o en el Senado.   Entonces, ¿cuál representación?   Ellos aprueban lo que les conviene a las directivas de sus partidos para que no dejen de percibir las prebendas que los tienen en la riqueza.

En el municipio también los huixtlecos tenemos nuestros representantes que se hacen llamar regidores y que están para velar por nuestros intereses.   ¿Cuándo se ha acercado alguno de los regidores para preguntarte cómo ves y cómo calificarías la actual administración?    Si no los has visto o no los conoces, de todas maneras ellos aprueban lo que les conviene a la camarilla que ostenta el poder municipal.   ¿O no?