Con la determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la controversia por la modificación que se pretendía hacer sobre las elecciones municipales en el Estado de Chiapas los gallineros políticos de todos los municipios están alebrestados y todo el que se considera gallo para cacarear en su pueblo anda rascando tierra para que se fijen en él. La determinación de la Suprema Corte para que se realicen las susodichas elecciones viene a prender nuevamente el fuego de los intereses partidarios para lanzarse a la conquista de los 118 municipios de nuestra entidad federativa.
¿Qué tanto de bueno es tener elecciones para presidentes municipales que durarán un período de 2 años, y no de 3, como se tenía estipulado en nuestra Constitución Local? ¿Qué tanto de bueno hubiera sido que, en vez de Ayuntamientos hubiéramos tenido Consejos Municipales? Los Ayuntamientos son elegidos por la ciudadanía en comicios electorales. Los Consejos Municipales son propuestos por el Ejecutivo Estatal y avalados por el Congreso Local. En los primeros la responsabilidad en el nombramiento recae en los ciudadanos votantes; en los segundos la responsabilidad para nombrarlos recae en el gobierno estatal. Puede ser que para los habitantes de los diferentes municipios sea preferible que le nombren un Consejo Municipal; pero para los partidos políticos eso significa hacerlos a un lado para que se sujeten a la decisión del Gobernador o para que tengan que llegar a un acuerdo con él para la designación de la tripleta municipal. En ambos casos el ciudadano nada más queda a la espera de la última decisión, la definitiva, para que sirva de peón en las jugadas político-electorales de quienes se consideran los dueños de las decisiones políticas.
Ahora que la decisión ha sido la de que deben celebrarse las elecciones para diputados locales y para presidentes municipales en los tiempos establecidos con anterioridad, los partidos entran al remolino de la selección de sus candidatos y a los que han vivido o los que pretenden vivir de la vida política les entra la desesperación final para conseguir la tan ansiada nominación de ser candidatos. Muchos partidos y muchos políticos lugareños saben perfectamente que tienen muy pocas probabilidades de ganar el tan ansiado puesto de presidente municipal, sobre todo porque son gente mal vista por su desmedida ambición de vivir del presupuesto, porque muchos de ellos, si no la mayoría, se han enquistado, se han quedado como parásitos en los partidos políticos a la espera ocupar algún cargo que le pueda redituar un sueldo seguro aunque no sepa servir para nada. Y cuando un partido político logra repetir dos o tres trienios en una presidencia municipal esa clase de parásitos se eternizan en los cargos que lograron conseguir al principio convirtiéndose en pequeños dictadorcitos que impiden el buen servicio y la buena atención a la ciudadanía. Esto último es lo que hace que los votantes decidan muchas veces cambiar su decisión para elegir al candidato de otro partido con tal de ya no ver a esos dizque políticos que se adueñan de los cargos municipales. Aunque también cuando llega otro distinto vuelva la gente a ver las mismas caras que quizá ya vio en años anteriores, cuando ese mismo partido había estado en el poder.
Todos los ciudadanos sabemos que al abrirse este nuevo ciclo de elecciones para diputados locales y para presidentes municipales se nos vendrán como en cascada los candidatos con sus achichincles para tratar de que les demos los votos que los hagan llegar a la curul o a la presidencia. Pero esta es también la ocasión para que los ciudadanos tomemos una actitud distinta ante los ofrecimientos y las promesas desmedidas que nos van a soltar a sabiendas que lo van a hacer sin haber hecho el análisis respectivo sobre lo que sí pueden hacer y sobre lo que no les va a ser posible realizar. Debemos hacer conciencia todos los ciudadanos de que no se trata de fijarnos en quien ofrece más, sino de quién presenta un proyecto de trabajo y de gobierno que se apegue a los reclamos de la mayoría de los ciudadanos. Sabemos que, en nuestro medio, eso es como pedir que broten rosas en el mar, pero más de alguno de los que buscan llegar a la silla municipal debería tratar de hacerlo de manera seria y responsable para que le sirva de la mejor manera a su pueblo y le sirva para su prestigio personal y familiar. Debemos buscar ya a quien pueda servir a la comunidad, no a quien abuse del cargo para enriquecerse él y para enriquecer a sus familiares y amigos incondicionales de la manera tan descarada como lo han hecho muchos que todos conocemos. Los grupos que van a acuerpar a los próximos candidatos son los mismos que ya hemos visto en campañas anteriores; son los mismos que, de alguna forma, ya probaron lo que es gastar dineros que no les cuestan y, sobre todo, que lo van a tener sin esfuerzo y sin trabajo. Los equipos de campaña que veremos en los próximos meses son los mismos que ya hemos visto en otras ocasiones; cierran filas para que no se les pueda colar ningún nuevo y, mucho menos, con ideas de trabajo y de honestidad.
Los próximos candidatos serán nombrados por las dirigencias de los partidos políticos; nada tendrán que ver los ciudadanos, nada tendrán que ver las bases de los partidos políticos. Muchas campañas serán como juegos malabares para que los partidos políticos se posicionen en el tinglado estatal o nacional de acuerdo a sus intereses.
Chiapas, ubicado en el extremo de la frontera sur, es un estado al que tardan en llegarle tanto los cambios benéficos como los cambios perjudiciales. El progreso, la tecnología, las comodidades y facilidades de la comunicación, las modas, las ideas renovadoras nos llegan cuando en otras entidades ya están dando uno o dos pasos adelante. De nuestra pequeña ciudad ya ni qué decir; aquí todo eso nos llega con años de retraso o no nos llega. Y todo, gracias a que nunca nos preocupamos por cambiar nuestra actitud y a que nunca exigimos que nuestras autoridades de cualquiera de los tres niveles nos pongan atención. Pero peor es aún la actitud que tomamos con nuestras autoridades inmediatas, las municipales, a las que dejamos que hagan lo que su regalada gana quiere. En vez de avanzar retrocedemos; en vez de mejorar empeoramos, en vez de exigir nos callamos de manera vergonzante.
Se aproximan nuevas elecciones municipales, ¿volveremos a regarla al momento de elegir a nuestras autoridades? ¿No volveremos a avergonzarnos de la forma tan penosa como desperdiciamos nuestros votos? Recordemos que con nuestro voto podemos hacer de nuestro municipio otro muro de lamentos o un lugar en el que comencemos a ver un repunte hacia el bienestar y el progreso de nuestra población y de nuestro municipio.





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