Quisiera uno creer que las controversias de los partidos políticos para que se realicen elecciones municipales en Chiapas están sustentadas en la convicción de que es necesaria la participación ciudadana en la decisión de quién o quiénes van a ocupar los cargos de autoridades en cada uno de los 118 municipios. Pero tal como se ha visto el rejuego de intereses que realizan las dirigencias de los partidos en cada renovación de cargos de elección no le deja a uno más que duda sobre lo que en el fondo se elucubra en cada movimiento que realizan.
Volvemos al punto que señalábamos en ocasiones anteriores sobre el madruguete que los partidos políticos hicieron a la sociedad civil con la llamada apertura democrática que buscaba la alternancia en el poder federal. Los partidos políticos se afianzaron como arietes de la democracia con el cuento de que a través de ellos se buscarían a los mejores políticos para que los ciudadanos pudieran escoger tranquilamente a quienes con toda seguridad serían los gobernantes que llevaran al país por el gran sendero del progreso. Pero no fue así. Los partidos políticos proliferaron aglutinando a toda clase de gente sin escrúpulos que han visto que enquistándose en esos grupos podrían lograr el poder o algún cargo que les permita agenciarse algunas ganancias. Los partidos políticos son agrupaciones que no subsisten con las cuotas o aportaciones de sus afiliados; es más, hay algunos partidos que no tienen verdaderos afiliados, no cuentan con un padrón en el que puedan verse los nombres, edad, sexo y firma de cada uno de los que voluntariamente decidió pertenecer a dicho partido. Los partidos políticos buscan simpatizantes que puedan votar por quienes ellos proponen, después, ¡Adiós, que te vaya bien!
Ahora bien, si los partidos políticos no subsisten con las cuotas o aportaciones de sus afiliados, ¿cómo viven y viven bien? Pues sencillamente del patrocinio que el gobierno federal ejerce para que existan partidos políticos en nuestro país. Quizá en eso se ha levantado el mayor reclamo de la voz ciudadana al pedir que el gobierno deje de otorgar tantos miles de millones de pesos para que se repartan entre los partidos para que sigan manejando la vida política del país. El único requisito que se les pone es que deban tener el mínimo del 2% de votos en las elecciones federales; es decir, que de 100 que votan un partido tenga por lo menos 2 que hayan votado por su candidato; si no lo consiguen, entonces “cuello”. Y los miles de millones de pesos se reparten de más a menos: los que logran mayor cantidad de votos reciben la mayor cantidad de dinero, y los que logran pocos votos, en consecuencia, reciben menos. Pero la cuestión está en que todo ese dinero que se les entrega es manejado, gastado a gusto y discreción de las dirigencias de los partidos; es decir, no tienen ninguna obligación y nadie puede exigirles que rindan cuentas de cómo y en qué lo gastan. ¡Por eso los pleitos para ocupar las dirigencias y para ser candidatos!
Pero ahora ya no es lo más importante conseguir el cargo de presidente municipal, sino lo que más importa es llegar a formar parte de un Ayuntamiento, aún como regidor plurinominal, porque el sueldo que devengan con tal cargo ya es de una buena cantidad de dinero, que son más de $ 10,000.00 mensuales, y sin hacer nada, ni tener responsabilidad de nada. Si en una contienda electoral participan 4 ó 5 candidatos para ocupar una presidencia municipal, con toda seguridad de esos 4 ó 5 candidatos uno va a ser Presidente Municipal y los demás serán regidores plurinominales porque para eso se metieron a la contienda: para, en caso de perder, quedarse prendido a la ubre municipal por lo menos como regidor plurinominal. Entonces, viene la pregunta: ¿Quiénes buscan un cargo municipal lo hacen con la finalidad de servir a la comunidad o con la finalidad de servirse del cargo para provecho propio?
Ahora comenzaremos a ver a “los equipos de campaña” de tal o cual candidato; equipos de campaña que no están integrados más que por los mismos de siempre y por los mismos que andan tras el empleo o el cargo, en caso de que llegue a ganar su candidato. Nada de aperturas; nada de caras nuevas; nada que no sea la misma camarilla de siempre para cada partido. El pueblo ya los conoce porque los tiene bien identificados. ¿Qué podemos esperar en esta campaña electoral por venir?
Pero, finalmente, no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre, reza el refrán muy popular en nuestro medio. No tiene la culpa quien llega, sino los que votan por él para que llegue. Y más culpa se tiene cuando viendo el mal desempeño y la manera deshonesta con que administran los recursos municipales no se les exige cuentas y rectificación en su manera de actuar. Por eso insistimos en que la fuerza de la sociedad civil está, primero, en saber y tener plena conciencia por quién se vota, y, segundo, en tener el valor cívico para exigir que las autoridades municipales administren los recursos con responsabilidad y con la honestidad requerida. ¡ Pero si votamos mal y exigimos peor por eso llegamos a estar como estamos!
No avizoramos a nadie que pueda sacar a Huixtla del atolladero en el que lo han hundido las últimas administraciones. ¿Será capaz algún partido político de los que tenemos en nuestro municipio de presentar a alguien en quien se pueda tener alguna confianza para dar siquiera un pasito adelante este nuestra tan abandonado Huixtla?






La gente opina…