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mar
06

Opinión

Año de elecciones es año de recortes presupuestales para obras sociales.   Los gobiernos federal y estatal se  agarran del término de imparcialidad o equidad de las campañas electorales para reducir al mínimo el gasto en obras que son necesarias para el desarrollo de los municipios.   Se alega que muchos candidatos o partidos políticos pueden colgarse milagros que han estado lejos de realizar o agarrarse de ese presupuesto para desviarlo a favor de sus propias campañas.   Puede que, en parte, tengan razón si tomamos en cuenta que no existe un programa o proyecto de estado, sino planes sexenales que se realizan a capricho del que llega al gobierno llámese federal o estatal.    De los gobiernos municipales no vale la pena ni siquiera mencionar si tienen algún proyecto siquiera medianamente serio porque no lo tienen; y para muestra basta ver lo que ha sucedido con nuestro gobierno municipal en estos tristes últimos años: ningún plan, ninguna obra debidamente terminada; todo son parches, todo son remiendos, todo es corrupción.

Desde hace mucho hemos insistido en que un gobierno del nivel  que sea no solo tiene la obligación de atender el aspecto de la administración pública que se refiere a la economía y a las obras de infraestructura, sino que debe tener también muy clara la obligación de gobernar, de poner orden, de hacer cumplir las leyes, de velar por la seguridad, de cuidar la buena organización de la vida ciudadana, de reglamentar la buena convivencia entre todos los habitantes del país, de la entidad, del municipio y de la ciudad.      Pero, desgraciadamente, nos hemos encontrado los huixtlecos con gobiernos que no han sido capaces de atender ni siquiera mediamente ninguno de estos dos aspectos.   Pésimos administradores de los recursos, sin la menor idea de lo que supone formar parte de un Ayuntamiento y sin el menor sentido y valor para poder gobernar.

Y uno de los graves problemas con que nos encontramos ahora en nuestra pequeña ciudad es precisamente la falta de seguridad.   Falta de seguridad que la vemos en los diversos y muy frecuentes delitos que se cometen a todas horas y en distintas partes de nuestra ciudad y de nuestro municipio.   Los robos a casa habitación son frecuentes; los asaltos y robos sobre todo a mujeres en el centro de la ciudad, en el mercado público y en sus alrededores son el pan de cada día; los robos en el medio rural (gallinas, borregos, utensilios de labranza y toda clase de bienes que guardan en sus casas) no han disminuido sino que se han incrementado; las quejas frecuentes de personas que han sido despojadas de sus dineros y valores por la misma policía municipal hacen temer a todos el tener que recurrir en solicitud de auxilio a las autoridades.   Todas estas situaciones no se les pueden llamar de otra forma que la de que vivimos en un municipio abandonado del más mínimo interés en hacer valer el respeto al orden y a las leyes para protección de los ciudadanos.     Sabemos que en Huixtla deben haber de 100 a 120 elementos que conformen la seguridad por parte del gobierno municipal, pero de esa cantidad de elementos con toda seguridad muchos cobran el sueldo de policías pero no forman parte de esa policía.   También hemos visto que esa misma policía debería contar actualmente con 6 o más patrullas para hacer los recorridos y atender los problemas de desorden cuando se requieran; sin embargo, no alcanzamos a ver más que 2 unidades pick up y un pequeño automóvil que son los que tratan de cubrir ese servicio.

Si a lo anterior añadimos la falta de organización de la seguridad municipal y a los cambios constantes del director debido a la pésima elección al seleccionarlos veremos que la seguridad en nuestro municipio está prendida con alfileres.    De nada sirve, por otra parte, que se invite a la ciudadanía a hacer denuncias en casos de corrupción o de falta de atención porque esas denuncias llegan a manos del Secretario del Comsep que está más preocupado por quedar bien con la misma dependencia que por atender y servir a los ciudadanos.     La Seguridad Municipal ha carecido de un programa serio para realizar un buen servicio de prevención del delito.   Constantemente se cambian los planes para dar protección a las amas de casa y las casas habitación.   Hemos llegado a tener conocimiento que muchos policías designados a vigilar determinadas áreas de la ciudad tratan de mantenerse alejados de las zonas de riesgo debido a que reciben sugerencias u órdenes de sus mismos superiores de que no se metan en problemas.    Esa es la razón por la que raras veces la policía agarra a un delincuente; y a lo que se concretan es únicamente a recabar datos de parte de la persona agraviada para realizar una búsqueda encaramados en las patrullas, búsqueda que en la mayor parte de las veces resulta infructuosa porque no tienen la menor idea de la forma organizada en que deben enfrentar a los delincuentes que proliferan en nuestra ciudad y que la mayoría son asaltantes de transeúntes, timadores y rateros.   Pero la mayoría de ellos actúa impunemente porque no existe un fichaje que le permita a los uniformados reconocer a los que han tomado casi por asalto a nuestra ciudad; y si los reconocen y no los detienen, peor porque entonces supondría un maridaje, un estar de acuerdo con ellos para no estorbarle sus actividades delictivas.     Nadie que se precie de poder ejercer una Dirección de Seguridad Municipal debe carecer de la capacidad de saber detectar la forma que cada uno de los delincuentes que frecuentan las calles de una ciudad usan para cometer sus ilícitos.   Y menos que no tenga capacidad de organizar un fichero de quienes delinquen y pueden ser peligrosos para una sociedad como la nuestra.

Ahora, si no contamos con policías medianamente preparados para enfrentar a los delincuentes que hacen la vida de cuadritos principalmente a las amas de casa y a las responsables de los depósitos de Compartamos, ¿qué podemos esperar todavía más si el número de policías que patrullan nuestra ciudad está recortado porque el Ayuntamiento tiene a otros empleados con el sueldo que debe corresponder a un policía; además de que cuentan con escasas tres patrullas que trabajan con  menos de la mitad del combustible que requieren para sus operaciones?

Todo esto nos demuestra lo que implica el llegar a tener autoridades sin el menor conocimiento de gobernar y administrar un municipio por pequeño que sea.   No todo en la vida son tortas y pan pintado.   El querer y pretender todos lo podemos sentir y desear; pero es una gran irresponsabilidad buscar ocupar un cargo a sabiendas de que no se tienen ni los conocimientos ni la capacidad para ejercerlo.   A esto también se le llama corrupción porque se ocupa un cargo con la única finalidad de obtener beneficios personales y no con la de trabajar en bien de la ciudadanía, que, fuera de otra consideración, es el objetivo principal que debe tener toda autoridad.

Hemos insistido en señalar la ineptitud y la falta de voluntad de nuestras autoridades para trabajar por el progreso de nuestro municipio, porque somos quizá el único municipio de nuestra región y de nuestro estado que en vez de avanzar hemos retrocedido.   En nuestra pequeña ciudad no se ha hecho nada para mejorar y lo poquísimo que se ha hecho se ha hecho al revés, o sea, mal.  Estamos convencidos de que no deberíamos merecer esta situación a la que hemos llegado como ciudad y como municipio; pero, al final de cuentas, tenemos que reconocer que si estamos viviendo en estas condiciones es porque nosotros mismos nos las hemos buscado al haber elegido con un entusiasmo equivocado a quienes nos mal gobiernan.

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