Año de elecciones es año de recortes presupuestales para obras sociales. Los gobiernos federal y estatal se agarran del término de imparcialidad o equidad de las campañas electorales para reducir al mínimo el gasto en obras que son necesarias para el desarrollo de los municipios. Se alega que muchos candidatos o partidos políticos pueden colgarse milagros que han estado lejos de realizar o agarrarse de ese presupuesto para desviarlo a favor de sus propias campañas. Puede que, en parte, tengan razón si tomamos en cuenta que no existe un programa o proyecto de estado, sino planes sexenales que se realizan a capricho del que llega al gobierno llámese federal o estatal. De los gobiernos municipales no vale la pena ni siquiera mencionar si tienen algún proyecto siquiera medianamente serio porque no lo tienen; y para muestra basta ver lo que ha sucedido con nuestro gobierno municipal en estos tristes últimos años: ningún plan, ninguna obra debidamente terminada; todo son parches, todo son remiendos, todo es corrupción.
Desde hace mucho hemos insistido en que un gobierno del nivel que sea no solo tiene la obligación de atender el aspecto de la administración pública que se refiere a la economía y a las obras de infraestructura, sino que debe tener también muy clara la obligación de gobernar, de poner orden, de hacer cumplir las leyes, de velar por la seguridad, de cuidar la buena organización de la vida ciudadana, de reglamentar la buena convivencia entre todos los habitantes del país, de la entidad, del municipio y de la ciudad. Leer el resto de esta entrada »










